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El lugar donde los muertos viven: ¿Por qué celebramos el Día de Muertos?

Updated: Sep 14, 2025

La fiesta mexicana para recordar a los difuntos tiene sus orígenes durante los tiempos prehispánicos. Con la llegada de los españoles en el siglo XVI, los primeros cristianos se reunían para homenajear a sus familiares y cercanos fallecidos el 1 y 2 de noviembre.

Por Antonia Díaz

Fotografía hecha con Inteligencia Artificial.
Fotografía hecha con Inteligencia Artificial.

Navidad y Halloween, dos festividades de origen cristiano, son las celebraciones globalizadas más recordadas por los chilenos. Sin embargo, en los últimos años, una tradición relacionada con México ha ganado más popularidad en todo el mundo, por su especial y colorida forma de recordar a sus fallecidos: el Día de Muertos.

“Durante estas fechas, existe una absoluta conciencia de lo importante que es pedir y honrar a los fieles difuntos”, indica Manuel Santana Aguayo, sacerdote católico mexicano y secretario ejecutivo de la Conferencia Episcopal para la Pastoral de la Comunicación.

Según un artículo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), el culto a la muerte, realizado el 1 y 2 de noviembre, tiene como fin celebrar el regreso momentáneo de los familiares y seres queridos fallecidos. De acuerdo con la tradición actual, las almas de los difuntos son guiadas por los pétalos anaranjados de la flor de cempasúchil, la cual, gracias a su fragante aroma y vibrante color, ayuda a iluminar el camino de los muertos hacia los altares preparados con diversas ofrendas, que pueden variar desde las velas hasta la comida.

En Chile, durante los últimos seis años, la tradición de raíces mexicanas ha tomado más relevancia en gran parte del país, debido a las coloridas y estrafalarias representaciones mostradas en el cine, las cuales han tenido una buena acogida entre el público chileno.

Una encuesta efectuada a través de formularios de en Google a 135 consultados durante 2023, donde un 97% son chilenos, mientras que un 3% son mexicanos residentes en Chile, revela que un 77,8% considera que Coco, la película de Disney-Pixar, ha influido en la masificación del culto a la muerte en el territorio nacional.

No obstante, el sociólogo chileno y miembro de la Red Profesional de Sociólogos en Chile (redprosoccl), Federico Holzmann, indica que el Día de Muertos siempre ha existido en la zona norte del país, especialmente, en Atacama.

Tal como menciona un artículo del museo Nacional de Historia Natural, la festividad en Chile mantiene un origen que se remonta a los tiempos prehispánicos. En este sentido, los pueblos andinos creían que los muertos no dejaban de existir, por lo que se pensaba que los ancestros desempeñaban un papel protector desde el más allá. La costumbre de desenterrar a los difuntos, cambiarles la vestimenta y darles comida, era la forma de agradecer a los antepasados, familiares y seres cercanos fallecidos, por la futura prosperidad.

“El Día de Muertos no es una fiesta introducida como se cree, sino que es una festividad que está cambiando su carácter por la influencia de la cultura pop mexicana, pero ha existido toda la vida. No es común, que es diferente”, señala Holzmann.

En Chile, los carnavales se prohibieron con el orden portaliano en 1830 y, en conjunto con la prohibición de los carnavales, muchas festividades que conectaban a las comunidades con sus tradiciones se perdieron. La represión de las manifestaciones provocó que la celebración original en torno a la memoria de los difuntos también desapareciera, dejando un vacío cultural que fue llenado por las costumbres religiosas traídas de Europa.

Rodrigo Vásquez, sacerdote católico chileno de la catedral castrense, explica que, en la base de la mixtura provocada por la llegada de los españoles a América, está inevitablemente incluido el culto a la muerte, mezclado con la religión católica.

“Para el descanso eterno de las almas en el plano espiritual, se crearon los cementerios bajo la tutela de la iglesia católica”, explica. De esta forma, en 1821, se inauguró el primer camposanto público: el Cementerio General de Santiago.

Actualmente, el fenómeno provocado por Coco desde 2017 y otras representaciones tales como El libro de la vida o 007: Spectre, han permitido recobrar, reintegrar y transformar la olvidada interpretación atacameña sobre la muerte, contrastando con la visión cristiana que asocia el fallecimiento como el fin de un ciclo en el plano terrenal.

En esta misma línea, desde los tiempos de antaño, cada 1 y 2 de noviembre, los cementerios se llenan de las familias afectadas por la pérdida con un solo objetivo: honrar a sus fieles difuntos. “Antiguamente, venía mucha gente durante las fiestas. Siempre estaba lleno”, menciona Fernando Vásquez, extrabajador del Cementerio General. Sin embargo, tras la pandemia del COVID-19, Vásquez comenta que el hábito de asistir a los cementerios comenzó a perderse. “Después de la cuarentena, mi exjefa dice que hay poco movimiento. Las familias tuvieron que buscar otras formas de despedirse de sus fallecidos”, explica.

Durante la pandemia, según un informe del Departamento de Estadística en Información de MINSAL (DEIS), la cantidad oficial de los fallecidos solo en 2020 pertenecía a 126.169 personas, de las cuales, 18.680 correspondían a decesos provocados por el COVID-19.

“La pandemia generó mucho temor. La gente no podía ver a sus seres queridos que estaban hospitalizados, y el no poder despedirse provocó angustia y dolor”, indica Alexandra Sotell, artista plástica chilena de cartonería mexicana y subdirectora del museo Nacional e Internacional de la Cartonería en México.

Así pues, el nuevo vínculo de los chilenos con el Día de Muertos se terminó de consolidar, tras buscar un nuevo método para pasar el duelo, pero esta vez, desde el encierro. La artista menciona que, una parte de la industria cinematográfica también representa un factor de reconexión indispensable con el culto a la muerte. “Todos tenemos el antecedente de Coco, y eso solo fue un plus”, señala.

Sotell destaca que el festejar el culto a la muerte, durante la cuarentena, ayudaba a aliviar la sensación de angustia generada por los decesos en pandemia. Al mismo tiempo, permitía tributar y despedir a los fallecidos de todas las edades, pero esta vez, desde la seguridad que producía el aislamiento.

Raúl Iván Montaño, psicólogo mexicano residente en Chile, coincide con lo mencionado por Sotell, indicando que “ante la pérdida, el Día de Muertos nos ayuda a superar de a poco la fase de luto, enfrentando el vacío que deja el reciente deceso”.

En consecuencia, los espacios colectivos de memoria, como las animitas, ahora lucen una nueva estética colorida y extravagante desde 2017, pero esta vez, se integra como un fenómeno más grande y popular. “He asistido a un montón de encuentros, festivales y eventos. Cada vez viene más gente”, concluye Sotell.

El Día de Muertos es una tradición que ha logrado perdurar en el tiempo, traspasando las fronteras de México, como en Chile, donde ha tenido una buena acogida con todo lo que significa como tradición, incluyendo su exótica y colorida estética llena de calaveras y diversos símbolos que cuentan una historia.

Y es que, aunque sea un día completamente dedicado para recordar y honrar a los difuntos, el núcleo central del Día de Muertos se basa en festejar la vida con los familiares y seres queridos, permitiendo disfrutar, un poco más, de aquellos que ya no están.


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