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De autoras anónimas a voces que transforman: La literatura feminista y su impacto en la equidad de género en Chile

Updated: Jul 8, 2025

Durante el inicio del siglo XX, después de las primeras movilizaciones feministas en Chile, que, tras veinte años de protestas, llevaron en 1949 a la aprobación de la ley que otorgó el sufragio a las mujeres, surgieron las primeras escritoras, quienes vincularon, en un principio, la literatura con los cambios estructurales en la esfera pública.

Por Antonia Díaz

Foto por Antonia Díaz. Librería Antártica.
Foto por Antonia Díaz. Librería Antártica.

La historia del feminismo se remonta desde hace mucho antes de ser considerado y nombrado feminismo. Sin embargo, su conformación formal ocurre durante el siglo XVIII, el denominado Siglo de las Luces. La llegada de la primera ola feminista nace de la mano de la Revolución Francesa, cuando la defensa de los derechos de la ciudadanía adquiere protagonismo. La segunda ola, conocida también como sufragismo, surge en Estados Unidos y en Reino Unido a mediados del siglo XIX.

 “La literatura, sobre todo en el siglo XIX, cumple diferentes roles. Por lo tanto, cuando hablamos de las primeras precursoras de este tiempo, la literatura cumple un rol educativo, sobre todo entrando al siglo XX. Le otorga voz a quienes nunca la han tenido”, explica la Doctora en Literatura y académica de la Universidad Andrés Bello, Joyce Contreras Villalobos.

En Chile, con el inicio de la segunda ola feminista en 1960 y 1970, y más tarde, con la integración masiva del movimiento feminista en los años 80, en plena dictadura, las voces feministas y femeninas comenzaron a involucrarse no solo en la lucha por los derechos civiles, sociales y reproductivos, sino que también con la producción del pensamiento y análisis crítico.

En este sentido, según un artículo de Andrea Kottow, publicado en la revista Scielo, titulado Feminismo y femineidad: escritura y género en las primeras escritoras feministas en Chile, una parte importante de las primeras feministas organizadas en Chile, a inicios del siglo XX, eran escritoras. Sin embargo, Kottow menciona que, a pesar de que no contaban con un campo muy amplio, y mucho menos desarrollado, la literatura es uno de los primeros espacios de participación cultural y educativa a los que la mujer logra acceder.

“La literatura feminista es relevante en la medida en que ha logrado dar fuerza a voces que, muchas veces, quedaban en espacios más bien limitados, privados o de culto […]. Ha tomado una voz mucho más decidida y pública para instalar problemáticas que antes no eran del interés social o propias de un debate público”, asegura María Gabriela Huidobro, historiadora y escritora del libro Mujeres en la historia de Chile.

Escritoras como Gabriela Mistral, que, si bien no se identificó como feminista, Elena Caffarena, Amanda Labarca o Julieta Kirkwood, sentaron las bases de un pensamiento crítico sobre lo que, hace más de treinta años, se consideraba como el verdadero rol de la mujer chilena en la sociedad.

Asimismo, el nuevo auge de escritoras en Chile corresponde a un hecho que no es casual. Autoras com Isabel Allende, Nona Fernández y Arelis Uribe, marcaron un punto de inflexión al conectar y combinar la teoría feminista, que comprende y explora la naturaleza de la desigualdad de género, la opresión y la memoria histórica, con la política desde una perspectiva feminista.

No obstante, la historiadora destaca la importancia de comprender que, la literatura feminista, continúa siendo literatura, por lo tanto, no solo les habla a las feministas, sino que también a todo aquel que esté buscando un espacio abierto al diálogo discursivo-argumentativo.

“La literatura finalmente es acogida por las feministas. Las nutre de argumentos y de fundamentos para las causas por las que ellas quieren luchar. Es un medio para un fin. Una herramienta que ha utilizado el mismo feminismo para poder organizarse, para poder fundamentarse, para darle racionalidad a sus argumentos, y a partir de eso, salir, en el fondo, en busca de ciertas conquistas”, menciona Huidobro.

Literatura y política: Narrar para pertenecer, resistir y existir

De acuerdo con un estudio realizado por el Observatorio de Políticas Culturales para el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, titulado Mujeres en el Campo del Libro: Barreras y Brechas de Género en el Sector Artístico Chileno, se indica que, durante las últimas décadas, especialmente en los 90’s, se consiguen las primeras transformaciones asociadas al reconocimiento y valorización de los derechos de las mujeres en América Latina.

En Chile, la influencia de estas ideas se ha visto reflejada en cambios legislativos, lugar en donde la política ha sido, históricamente, un espacio dominado por hombres. Así lo especifica el último estudio publicado en enero de este año, realizado por ONU Mujeres en Chile en conjunto con el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, titulado Participación política de mujeres: construyendo la sociedad del cuidado. En este sentido, se menciona que, desde la implementación de la Ley de Cuotas en 2015, que asegura e introduce cuotas de género, sustituyendo el sistema electoral de carácter binominal, por uno proporcional e inclusivo, se ha conseguido un aumento significativo sobre el acceso de las mujeres a la política chilena.

Hoy en día, hasta diciembre de 2024, de acuerdo con el informe, las mujeres representan el 35,5% de la Cámara de Diputados y Diputadas; el 26% del Senado; 17% de las alcaldías; y el 18,75% de los gobiernos regionales­. Además, el 54,17% de los ministerios, hasta marzo de 2024, están liderados por mujeres. Adicionalmente, una sola mujer, Michelle Bachelet Jeria, ha ocupado el cargo de Presidenta de la República en dos ocasiones diferentes, durante el primer periodo en 2006-2010 y el segundo periodo en 2014-2018.

La implementación de diversas normativas corresponde a un factor clave en el avance hacia la equidad de género en la política chilena. Ahora bien, la Ley de Cuotas —Ley 20.840—, abrió paso a una nueva transformación estructural que evidenció la necesidad de una representación equilibrada y una participación equitativa en el Congreso Nacional.

En 2020, la aprobación de la paridad de género en la Convención Constitucional marcó un hito a nivel mundial: por primera vez, tanto en la historia de Chile —y del mundo—, un órgano constituyente aseguraba que las mujeres tuvieran las mismas oportunidades de tener una participación igualitaria en número que los hombres, lo que garantizaba una representación equitativa de la composición de la sociedad chilena. “Las feministas, y sobre todo las mujeres, siempre hemos tenido un gran proyecto político que entregarle a este país”, asegura Tatiana Hernández, jefa de la División de Políticas de Igualdad del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, durante el conversatorio Participación política de mujeres: construyendo la sociedad del cuidado.

Este primer acercamiento evidenció el peso que ha adquirido el pensamiento feminista en las discusiones y decisiones sobre el poder, la política, la democracia y la conformación de la sociedad chilena. “Los movimientos feministas llevaron las demandas a un lugar importante, que corresponde a la mesa de la toma de decisiones. Visibiliza que (las mujeres) existimos, que somos el 50% de la población, que tenemos un tercio de los derechos ejercidos por los hombres. Hoy en día, en pleno siglo XXI, eso no puede ser”, suscribe la exsenadora y exdiputada, Marcela Sabat.

Sabat agrega que, cuando ella era partícipe del Congreso Nacional, por primera vez en 2010 como diputada, la Cámara de Diputados y Diputadas tenía un 12,5% de mujeres en el parlamento, lo que la llevó a impulsar, junto con otras diputadas, una Comisión de Mujeres y Equidad de Género permanentemente en la Cámara.

“La fuerza de las mujeres en las demandas, en la calle, en la presencia de la sociedad civil, en las distintas marchas, es la única manera de que te hagas escuchar y que digas: ‘Esto es importante para nosotras’. Si esa lucha no existiera y los movimientos no hicieran ruido, entonces, probablemente, eso estaría más invisible […]. En el fondo, la lucha por la paridad, como un principio, no solamente como un porcentaje de representación, sino que, en todo orden, siempre va a ser indispensable, tanto en la academia como en la literatura”, indica Sabat.

La lectura como herramienta de cambio

No se trata solo de escribir, sino también de leer. De acuerdo con el Informe Anual de Estadísticas Culturales 2019, realizado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Patrimonios, en conjunto con el Instituto Nacional de Estadísticas, se señala que las mujeres predominan en roles literarios asociados a la mediación cultural (83%), le gestión cultural (61%) y la enseñanza (59%). En 2017, fue el año donde más se compraron libros escritos por mujeres, alcanzando un 34% contra 56% escritos por hombres. Igual es el caso de 2020, donde los hombres bajan a 55% y las mujeres varían con un 33%. Asimismo, en 2021, Melanie Jösch, directora editorial de Penguin Random House, destacó en una entrevista para diario La Tercera que los libros feministas son los más solicitados y vendidos del catálogo.  

Esto sugiere que, a pesar de que en el panorama del canon literario aún queda mucho por hacer, existen cambios y avances significativos, no solo en los hábitos de consumo y lectura, sino que también en el interés de formación y educación. Es un hecho de que más mujeres están mediando la esfera pública, enseñando a través de la escritura y fomentando una sociedad equitativa.

La literatura feminista no solo ha sido el vehículo ideal de visibilizar la violencia de género, sino que también ha sido clave para formar a las nuevas generaciones. Tal es el caso de Catáloga Colectiva, un grupo de activistas de la lectura feminista formado en 2016, que, en un principio, trabajaban únicamente con talleres de lectura feminista una vez al mes. Actualmente, han conseguido tener en circulación la Catáloga Revista, que, hoy en día, alcanza la novena edición con nueve puntos de distribución gratuitos a lo largo de Chile.

“El impacto no es fácil de medir, nosotras creemos que (la literatura) sí ha tenido mucha influencia. Lo notamos por el interés que vemos. Nosotras empezamos con talleres de lectura feminista en 2016 […]. Nuestro enfoque siempre ha sido retroalimentar para pensar críticamente sobre nuestra sociedad. Siempre nos llegan recomendaciones”, afirman desde Catáloga Colectiva.  

No es de extrañar que, en un país que ha vivido diversas fragmentaciones y fracturas sociales, como el estallido social del 18 de octubre de 2019 y el posterior proceso constituyente, la literatura feminista cobre un valor fundamental para comprender las emociones colectivas desde lo femenino, analizar con perspectiva de género y fomentar una sociedad civil más crítica. Hoy, las autoras chilenas no solo están narrando la historia, la están escribiendo; porque escribir siendo mujer, es un acto político.


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