Libros y “algo más”: “El Cantar del Mío Cid” fuera de Vivar
- Antonia Díaz

- Jul 8, 2025
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Updated: Jul 8, 2025
El Cid Campeador no solo es un libro que permanece en las estanterías de la librería del mismo nombre desde hace más de 30 años. En realidad, es el símbolo de resistencia de aquellos afectados por la crisis del 82.
Por Antonia Díaz.

Ser librero nunca estuvo en sus planes. Más bien, era matemático, aficionado por el área científica y los números. Su incursión por los libros es una respuesta frente a una necesidad económica más que un sueño perseguido.
Hoy, Carlos Vivar sonríe y acomoda sus lentes cuando un cliente curioso le pregunta por la clásica novela rusa de Fiódor Dostoievski, Noches blancas. “Está agotado”, responde apenado al son de la sinfonía n.°2 de Wolfgang Amadeus Mozart, que resuena al interior de la librería El Cid Campeador, aquel imperio lleno de libros que construyó con sus manos hace más de 30 años.
El ambiente es denso: carga con el olor de papeles viejos transformados en un estilo de vida tras la crisis económica de 1982. Sin embargo, en realidad, todo parece estar detenido en el tiempo desde mucho antes. Al pasar por el umbral, las cosas toman otra dimensión. El bullicio de las concurridas calles de Santiago se detiene, y es opacado por montones de libros en cajas que casi impiden el paso por los pasillos de roble en los que apenas caben dos personas.
Su ubicación privilegiada en el corazón del Barrio Lastarria, en Merced 345, desde incluso antes de ser un sector cultural, es un factor que Carlos y Francisca, su ayudante en la librería, explotan en cada oportunidad a partir del mediodía.
Detenido en los tiempos de El Cid Campeador
Su parecido es evidente: su nombre pertenece a un juego de palabras que responde a una coincidencia histórica con el apellido de su dueño, Carlos Vivar (68), y el del militar castellano que narra sus epopeyas en “El Cantar del Mío Cid”, Rodrigo Díaz de Vivar.
Así pues, el mismo nombre de la librería marca una realidad indefectible en su extenso y único catálogo: solo se venden clásicos. No hay un solo libro que “pueda ofender a los clientes, como lo son los textos eróticos”, menciona con cuidado. Revisar y decidir el repertorio es el propio lema que Carlos tiene en la librería, lo que lo lleva a ser muy riguroso con cada ejemplar que recibe.

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